Gilberto Aceves Navarro es el niño travieso del arte y esto se comprueba en esas piezas fantásticas que producen sus manos pequeñas y moteadas

 

Por Wilbert Torre

Gilberto Aceves Navarro debe tener una rueda en el corazón y juguetes en la cabeza. Es el niño travieso del arte y esto se comprueba sobre todo cuando pinta –Siqueiros y Cuevas se han rendido ante su genio para dibujar– y en esas piezas fantásticas que producen sus manos pequeñas y moteadas.

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Como ejemplo están las cincuenta y cinco bicicletas que forman parte de la exposición que inauguró en abril en las islas y la rectoría de la UNAM: si las observas masivas como un toro y flacas como la hoja de una guillotina, no solo verás ruedas y manubrios, sino un escarabajo, una pareja haciendo el amor, una hormiga, un equilibrista.

Quizá tan constante como su humor –Divertimento se llama su obra más reciente inaugurada ayer en Chihuahua– es su preocupación porque el arte que florece de sus ojos y sus manos sirva como un motor de cambio. En un país donde los políticos envejecen entre abucheos y bostezos, un viejo de 86 años se ha cruzado al pecho la bandera del vanguardista arte con causa.

Hace nueve años dejó su estudio de la colonia Roma para viajar a exponer sus bicicletas primero en la Ciudad de México, con 100 esculturas en el Palacio de Bellas Artes; más tarde desembarcó en Nueva York, con 122 bicicletas, la exposición al aire libre más grande en la historia de la ciudad; y después continuó su ruta en Washington DC, en Williamsburg y Ohio.

Su estación más reciente es Ciudad Universitaria, con cincuenta y cinco esculturas de un total de doscientos modelos originales al cumplirse 200 años de la invención de la bicicleta, en Alemania.

Las esculturas itinerantes de Aceves Navarro representan un homenaje a la bicicleta como un objeto eficiente, sencillo y ubicuo, al tiempo que desde la escultura eleva un mensaje para que gobiernos e instituciones adopten agendas de movilidad y fomenten el uso de la bicicleta.

Lo que más me ha sorprendo siempre de Aceves Navarro es su capacidad para producir ideas. La más reciente es un Manifiesto que presentó en el Foro Mundial de la Bicicleta en la CDMX hace unos días, una honda reflexión sobre su exposición Las Bicicletas, el arte del equilibrio, como un proyecto escultórico con una causa: lograr que este objeto útil y divertido sea símbolo de equilibrio en el mundo.

“Los ciclistas se funden con la bicicleta que los equilibra”, escribe Aceves Navarro. “Avanzan frágiles para recordarnos que la hechura humana, sin armaduras protectoras y suspendida sobre un eje y dos ruedas, es uno de los más altos valores éticos y estéticos que debemos respetar”.

Aceves Navarro comenzó a dibujar bicicletas cuando veía pasar ante su casa en la colonia Roma a los panaderos en un milagro compuesto por las manos en el manubrio y una canasta enorme sobre la cabeza . Ahora, siempre que puede, a veces en el hospital, otras en su estudio o en su casa, siembre está dibujando una más para recordarnos que somos equilibrio.

Juan Aceves